La Iglesia Católica volvió a encender las alarmas por el endeudamiento creciente de los hogares argentinos y reclamó al Gobierno que evite una lectura simplista de un fenómeno que ya se instaló como problema estructural. En un mensaje con fuerte contenido social, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Colombo, advirtió que la combinación de morosidad en alza, pérdida de poder adquisitivo y expansión de mecanismos de crédito de alto costo está empujando a millones de personas a una situación de asfixia financiera.

Según el informe citado por la Iglesia, elaborado por el CEPA con datos del Banco Central y de la Central de Deudores, la mora bancaria familiar trepó al 12,8% en junio de 2026, mientras que en las billeteras virtuales llegó al 30,1%, superando incluso el pico registrado durante la pandemia en mayo de 2020. En ese contexto, los obispos plantearon que ya no se trata de casos aislados, sino de un cuadro generalizado que exige respuestas oficiales.

Colombo subrayó que el aumento de la deuda no está vinculado principalmente al consumo suntuario, sino, cada vez más, a la necesidad de cubrir gastos corrientes y obligaciones básicas. La Iglesia marcó su preocupación por la expansión de créditos personales y financiamiento con tarjetas, que concentran cerca del 73% del saldo irregular de los hogares, y por el rol de nuevas herramientas como las billeteras electrónicas, donde la mora se disparó a niveles récord. El titular de la CEA describió un escenario en el que la gente recurre a préstamos “gota a gota” y a esquemas de financiación que, en apariencia pequeños, terminan configurando una carga impagable. “Hay deudas que son claramente leoninas al momento de contraerlas y otras que son a gotas, que uno se va quedando de una manera rápida en una situación muy desventajosa”, advirtió, al señalar que la lógica del crédito de consumo se convirtió en un mecanismo que agrava la vulnerabilidad social.

Frente a ese panorama, la Iglesia reclamó criterios claros para la contracción de deudas y una regulación más estricta sobre las condiciones en que se ofrecen productos financieros a las familias. Colombo insistió en que el Estado debe involucrarse en la discusión sobre cuánto del ingreso de una persona puede estar comprometido en pagos de cuotas, para evitar que el endeudamiento erosione por completo la capacidad de subsistencia. “Alguna solución tiene que haber en cuanto al menos poner criterios en la contracción de las deudas o buscar la forma de discutir cuánto del monto del sueldo de alguien se puede gastar”, sostuvo. El mensaje apunta especialmente a los segmentos más frágiles, que muchas veces quedan por fuera del sistema bancario formal y recurren a canales no regulados o a fintech con tasas elevadas y escasa transparencia, lo que agrava el riesgo de sobreendeudamiento.

Colombo también se diferenció de las explicaciones oficiales sobre el origen de la deuda familiar y cuestionó las lecturas que minimizan el problema. Mientras desde el Gobierno se sugirió que parte del aumento del endeudamiento responde a compras vinculadas a eventos como el Mundial, la Iglesia enfatizó que lo que se observa en los barrios son familias que se endeudan para comprar alimentos, pagar servicios o sostener alquileres. En línea con informes que atribuyen el fenómeno a la caída del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, el presidente de la CEA advirtió que el crédito dejó de ser un recurso para adelantar consumo y se transformó en un salvavidas precario para llegar a fin de mes. En ese marco, cuestionó una eventual indiferencia oficial: “Lo que no se puede es tener una mirada superficial, ni menos decir: ‘No nos interesa o que se arreglen’”, afirmó, en alusión a posturas que consideran el endeudamiento únicamente como el resultado de decisiones individuales.

El mensaje eclesial llega en un momento en que distintos estudios describen un verdadero récord de hogares con deudas impagas. Se estima que 5,91 millones de personas se encuentran en situación irregular dentro de un universo de casi 21 millones de deudores, una marca que coloca la morosidad en su nivel más alto en décadas. Según la Iglesia, detrás de esas cifras hay historias de familias que resignan gastos esenciales para cumplir con cuotas que, aun así, no logran sostener. Colombo advirtió sobre las consecuencias sociales de este proceso: la extensión del sobreendeudamiento se traduce en mayor pobreza, deterioro del tejido comunitario y un futuro más incierto para quienes ya se encuentran al límite. Por eso, el Episcopado llamó a abrir un debate amplio sobre la responsabilidad de bancos, fintech y autoridades públicas, y pidió que el Gobierno abandone cualquier visión superficial para encarar una política integral que alivie a los hogares atrapados en la espiral de la deuda.

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