WASHINGTON.– En una convención electoral inédita celebrada en Dallas, el presidente Donald Trump lanzó una insólita promesa: ofrecer un pago de US$5000 a cada adulto norteamericano si el Partido Republicano logra retener el control de ambas cámaras del Congreso en las próximas elecciones de medio término del 3 de noviembre. Presentado como el “dividendo Trump”, el anuncio irrumpió hacia el final de un discurso de casi dos horas con el que el mandatario buscó revitalizar a sus filas en medio de sondeos que anticipan un avance demócrata y que podrían complicar la segunda parte de su mandato. Trump justificó la propuesta en el “tremendo éxito económico” del país y la fortuna que, afirmó, Estados Unidos está generando, sin ofrecer detalles sobre la mecánica concreta del plan.
El escenario elegido fue el American Airlines Center de Dallas, donde se desarrolla una convención republicana de mitad de mandato tan inusual como ambiciosa. El evento, concebido para impulsar a los candidatos del partido en todo el país, se dio en un ambiente menos entusiasta que el de las grandes citas presidenciales, con claros visibles en las gradas y el ausentismo de varias figuras republicanas de peso. En ese contexto, Trump recurrió a su estilo habitual: dardos reiterados contra “la izquierda radical y comunistas” de la oposición demócrata, una acérrima defensa de la guerra contra Irán y una apuesta por inyectar optimismo respecto del rumbo económico estadounidense, con el dividendo de US$5000 como golpe de efecto central.
La propuesta, presentada por el propio presidente como “la mejor parte del discurso”, fue detallada ante miles de simpatizantes que reaccionaron con entusiasmo al oír que, si los republicanos ganan el Senado y la Cámara de Representantes, cada ciudadano adulto recibiría un cheque de US$5000 del gobierno federal. Trump comparó el pago con la distribución de efectivo de una empresa exitosa entre sus accionistas y evocó beneficios anteriores otorgados a las fuerzas armadas, en un intento por vincular la idea con la bonanza económica que atribuye a su gestión. “Si los republicanos ganan, ustedes ganan con nosotros y recibirán 5000 dólares”, insistió, entre aplausos, presentando el dividendo como un premio directo al voto republicano.
Sin embargo, detrás del entusiasmo del anuncio se abren interrogantes de magnitud. Según estimaciones basadas en los datos del censo, la medida implicaría destinar más de un billón de dólares –alrededor de 1,2 billones– para cubrir a unos 240 millones de ciudadanos adultos, una cifra que analistas describen como financieramente y políticamente inverosímil. El presidente no precisó de dónde provendrían los recursos, ni bajo qué mecanismo legal se ejecutarían los pagos, ni cómo se aseguraría que todos los beneficiarios reciban el dinero en tiempo y forma. Tampoco explicó el impacto que semejante erogación tendría sobre el déficit fiscal, el endeudamiento del país o las prioridades presupuestarias ya establecidas.
Trump añadió, además, una condición: el dinero del “dividendo Trump” debería gastarse dentro de Estados Unidos, e incluso deslizó que no podría utilizarse en países como Canadá, aunque no aclaró cómo podría el gobierno controlar el destino final de esos fondos. A pesar de que el mandatario ha recurrido en otras ocasiones a promesas económicas llamativas en campaña que luego no se materializaron, esta propuesta en particular, vinculada explícitamente al resultado legislativo de noviembre, se interpreta como un intento directo de comprar lealtades electorales en un clima de alta polarización. Con la guerra en Irán, los precios del petróleo en tensión y la sombra de un posible avance demócrata en el Congreso, la apuesta de ofrecer US$5000 por voto republicano convierte a la convención de Dallas en uno de los capítulos más singulares –y controvertidos– de la política estadounidense reciente.