El Banco Central de la República Argentina dispuso un nuevo límite a las tasas de interés que cobran las empresas no financieras emisoras de tarjetas de crédito y de compra, en un intento por contener el costo del financiamiento al consumo y moderar el avance de la morosidad en ese segmento. La autoridad monetaria fijó en 66,44 por ciento nominal anual la tasa de referencia para las financiaciones vinculadas a estos plásticos correspondiente al ciclo de facturación de septiembre, valor que surge del comportamiento reciente del mercado de préstamos personales.

Ese porcentaje no funciona como un tope uniforme para todo el universo de emisoras, sino como una referencia a partir de la cual se calculan los límites específicos. Para las empresas no financieras —los emisores de tarjetas que no son bancos, como muchas cadenas comerciales o entidades de crédito al consumo— la normativa establece que la tasa de interés compensatorio no podrá ubicarse por encima de un 25 por ciento adicional respecto del promedio de tasas de préstamos personales sin garantía real del sistema financiero. Es decir, esas firmas deberán ajustar sus esquemas de financiamiento al nuevo parámetro que el Banco Central actualiza mensualmente.

En el caso de las entidades financieras tradicionales, el techo se determina de manera distinta: la tasa aplicada al refinanciamiento de saldos de tarjetas no podrá superar en más de un 25 por ciento la tasa que cada banco cobra por sus propios préstamos personales, tomando como referencia la misma moneda de la operación. De este modo, el regulador busca evitar que las tarjetas se transformen en un canal para aplicar intereses sensiblemente más altos que los que se cobran por otros créditos de consumo similares.

La medida se inscribe en una serie de decisiones adoptadas por el Banco Central a lo largo de 2026 para encuadrar las tasas de interés vinculadas al financiamiento con tarjetas y reforzar la protección de los usuarios frente a costos considerados excesivos. En el organismo señalan que el parámetro elegido —el promedio ponderado de tasas de los préstamos personales sin garantía real— permite mantener una relación más estrecha entre las condiciones del crédito tradicional y las que se aplican a los saldos financiados de las tarjetas, en un contexto de fuerte presión sobre los ingresos de los hogares.

Con la entrada en vigencia de este nuevo valor de referencia para el ciclo de facturación de septiembre, tanto las empresas no financieras como los bancos emisores deberán revisar sus cuadros de tasas y adecuarlos a los límites regulatorios. El Banco Central recordó que la información utilizada para el cálculo se publica de manera periódica en sus indicadores monetarios y financieros, y remarcó que el objetivo de la normativa es desalentar esquemas de financiamiento que empujen a los usuarios a niveles de endeudamiento difíciles de sostener, al tiempo que se intenta contener la escalada de la morosidad en el sistema.

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