Las Leonas regresaron al país en la madrugada de este lunes y transformaron el Aeropuerto Internacional de Ezeiza en el primer escenario de celebración tras la conquista del Mundial de Bélgica y Países Bajos. Con la Copa del Mundo en alto y todavía con rastros visibles del cansancio del viaje, el plantel femenino de hockey apareció en la zona de arribos internacionales ante una multitud que las aguardaba desde horas tempranas. Banderas argentinas, camisetas celestes y blancas y una marea de palos de hockey levantados al cielo marcaron el tono de un recibimiento que mezcló emoción, orgullo y gratitud hacia un equipo que volvió a escribir la historia grande del deporte nacional.
Desde bastante antes del aterrizaje del vuelo procedente de Ámsterdam, grupos de familiares, hinchas y jóvenes jugadoras de distintos clubes se fueron concentrando en el hall del aeropuerto, decididos a convertir el regreso de la selección en una fiesta popular. A pesar del horario y del frío, el fervor no se hizo esperar: cantos, bombos y cánticos tradicionales de cancha acompañaron la cuenta regresiva hasta que el tablero de arribos confirmó la llegada del avión. Las puertas se abrieron cerca de media hora después y, uno a uno, los nombres que el país aprendió a corear durante el torneo empezaron a aparecer, desatando una ovación que se hizo sentir en todo Ezeiza.
Las protagonistas, con la medalla colgando del cuello, fueron recibidas con abrazos, lágrimas y una sucesión interminable de pedidos de fotos. En el centro de la escena, la Copa del Mundo se convirtió en el objeto de deseo de todos: pasó de mano en mano para posar frente a cámaras y celulares, y cada vez que alguna de las jugadoras la levantaba por encima de su cabeza, los cánticos se multiplicaban. El cuerpo técnico acompañó la celebración con gestos de complicidad y emoción, consciente de que el título obtenido el domingo, tras vencer a Países Bajos en la definición por shoot-outs luego del 1-1 en el tiempo reglamentario, quedará marcado como la tercera estrella mundial del hockey femenino argentino.
En la zona aledaña al aeropuerto, el clima fue el de una auténtica caravana improvisada. Muchas familias aguardaron desde la noche con mate, reposeras y banderas colgadas en los vallados, mientras niñas y adolescentes vestidas con buzos de sus clubes miraban hacia las puertas de salida como si esperaran a sus ídolas en un escenario. Algunas de ellas se animaron a ensayar gambetas y arrastres con sus palos en medio de la espera, reproduciendo los movimientos que vieron en la pantalla durante la campaña en Europa. El regreso de las campeonas funcionó así como una postal de inspiración para toda una generación que sueña con seguir el camino de Las Leonas.
Tras el encuentro con el público, el plantel inició el traslado hacia el predio donde continuarán la jornada entre actividades protocolares y un merecido descanso, pero el espíritu de fiesta se mantuvo intacto. A lo largo del recorrido, decenas de hinchas se apostaron al costado de la ruta para despedir al equipo con saludos, aplausos y agradecimientos por la nueva gesta mundial. Con esta coronación, Las Leonas consolidaron su lugar como uno de los símbolos más poderosos del deporte argentino: un equipo que, cada vez que cruza la frontera con la camiseta celeste y blanca, vuelve cargado de gloria y convierte cualquier arribo al país en una celebración colectiva.