Durante años, Fructuoso Álvarez González fue identificado como el autor de una de las tragedias más estremecedoras ocurridas en el barrio porteño de Flores. Antes del incendio que terminó con la vida de cinco personas, el hombre había iniciado una serie de llamados intimidatorios contra la familia Bagnato, vinculados con una supuesta deuda de 180.000 dólares.

Las comunicaciones se realizaban con una voz distorsionada y estaban dirigidas principalmente a José Bagnato, exsocio de Álvarez González. Sin embargo, quienes atendían con frecuencia eran sus hijos, Matías y Fernando. Del otro lado de la línea, el hombre pronunciaba frases amenazantes que con el tiempo quedaron grabadas en la memoria de la familia: “Se quemaron todos, están todos muertos”.

Los llamados se repitieron durante días y provocaron temor entre los integrantes de la familia. Las amenazas anticipaban el desenlace que finalmente ocurrió durante la madrugada del 17 de febrero de 1994, cuando Álvarez González ingresó a la vivienda ubicada en Baldomero Fernández Moreno al 1900, en Flores.

Según estableció la investigación judicial, el acusado roció el interior de la casa con combustible utilizando dos bidones y luego inició el fuego. En pocos minutos, las llamas se extendieron por la vivienda mientras sus ocupantes dormían. El incendio provocó la muerte de José Bagnato, de 42 años; su esposa, Alicia Plaza, de 40; sus hijos Fernando, de 14, y Alejandro, de 9; y Nicolás Borda, un amigo del menor que se había quedado a dormir.

Matías Bagnato, que tenía 16 años, fue el único sobreviviente de la masacre. Al despertarse y advertir que la casa estaba en llamas, logró escapar por una ventana del primer piso. Luego intentó llamar a sus familiares y los nombró repetidamente, pero no obtuvo respuesta.

La Justicia determinó que el incendio había sido intencional y que Álvarez González era el responsable del ataque. En 1995 fue condenado a prisión perpetua por el crimen de las cinco víctimas. Durante los años posteriores, Matías Bagnato sostuvo una extensa lucha para impedir que el asesino recuperara la libertad.

Álvarez González permaneció detenido en el penal de Ezeiza hasta su muerte, ocurrida el 30 de abril de 2023. Tenía 63 años y falleció en el hospital del complejo penitenciario como consecuencia de un shock séptico provocado por una infección. Para Bagnato, la muerte del condenado significó el cierre definitivo de una historia marcada por las amenazas, el fuego y la pérdida de toda su familia.

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