El kirchnerismo exhibió encuestas que ubican a Cristina Fernández de Kirchner como una figura competitiva dentro del escenario electoral, con el objetivo de fortalecer su posición en la interna del Partido Justicialista y condicionar las aspiraciones de Axel Kicillof. Aunque la exmandataria no puede presentarse a elecciones debido a su situación judicial y a la inhabilitación para ejercer cargos públicos, sus dirigentes sostienen que conserva un peso decisivo en el armado opositor.
«Queremos que Cristina sea candidata», repiten en el sector más duro del kirchnerismo, que considera que las mediciones recientes ratifican la centralidad de la expresidenta. Según los sondeos difundidos por ese espacio, Fernández de Kirchner registra una intención de voto cercana al 40% en distintos escenarios de segunda vuelta y una imagen positiva que oscila entre el 40% y el 45%.
Para el kirchnerismo, esos números representan una herramienta de negociación de cara a las definiciones electorales de 2027. La lectura que hacen sus dirigentes es que cualquier candidato presidencial del peronismo deberá alcanzar un acuerdo con la exmandataria, incorporar a su sector y contener su influencia política. En ese esquema, la figura de Cristina conservaría un papel determinante aun sin competir formalmente.
La estrategia también apunta a marcar límites a Kicillof, quien aparece como el dirigente mejor posicionado del peronismo para afrontar una eventual elección presidencial. El gobernador bonaerense busca ampliar sus respaldos, consolidar una estructura propia y construir un perfil nacional antes de que comiencen las definiciones del próximo proceso electoral.
El plan de Kicillof contempla llegar al primer semestre de 2027 con suficiente respaldo político para sentarse a negociar desde una posición de fuerza. Sus colaboradores creen que, si finalmente no se habilitan las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, su desempeño en las encuestas podría obligar al kirchnerismo a respaldar su candidatura.
Esa hipótesis plantea un escenario de tensión dentro del peronismo. Si el kirchnerismo desconoce el peso electoral de Kicillof y decide promover una alternativa propia, podría quedar expuesto a una ruptura interna o a la necesidad de acompañar a otro postulante. Por eso, las encuestas sobre Cristina funcionan también como una advertencia política dirigida al gobernador.
La disputa excede la definición de una candidatura y abarca el control de la estructura partidaria, la conducción del PJ bonaerense y la orientación estratégica del peronismo. Mientras Kicillof intenta acumular poder territorial y apoyos propios, el kirchnerismo busca preservar la influencia de Fernández de Kirchner y garantizar que cualquier acuerdo electoral contemple sus intereses.