Manuel Adorni atraviesa uno de sus momentos más delicados dentro del Gobierno, en medio de un cuadro de aislamiento, preocupación personal y tensión judicial. El exjefe de Gabinete se encuentra deprimido, con la sensación de estar cada vez más encerrado en su propia situación y con dudas sobre cómo sostener su nivel de vida fuera de la función pública.
Adorni se mueve con custodia oficial y utiliza dos vehículos del Estado para trasladarse entre su domicilio en Capital Federal y una casa de country remodelada en Indio Cuá. Uno de esos autos es un Toyota SW4 del Inprotur, mientras que el otro es un Toyota Corolla radicado en la Ciudad de Buenos Aires y sin multas registradas.
En su entorno crece la inquietud por el futuro de esa custodia. Desde el área de Seguridad habrían explicado que la protección se mantiene durante seis meses para exfuncionarios de alto rango, aunque luego puede revisarse según la evaluación de riesgo. En ese contexto, su continuidad dependerá de si las autoridades consideran necesario mantenerla más allá de ese plazo.
En el plano personal, Adorni se encuentra afectado por el avance de su situación judicial. Personas que tuvieron contacto con él en la administración libertaria lo habrían notado con un ánimo decaído, especialmente por la investigación en curso sobre su patrimonio y por el temor a una eventual prisión, aunque él insiste en que es inocente y atribuye las acusaciones a una operación política.
A esa preocupación se suma otro frente: su intención de regresar al sector privado para generar ingresos tras su paso por el Estado. Sus intentos por conseguir trabajo no habrían dado resultados hasta ahora, lo que alimenta su inquietud por sostener su estilo de vida y ordenar su situación económica.
Adorni enfrenta un plazo judicial clave. La prórroga para responder un extenso cuestionario elaborado por el fiscal Gerardo Pollicita vence de manera definitiva el próximo 22 de septiembre, en el marco de la causa que investiga un presunto enriquecimiento ilícito.