Boca Juniors aceleró en las últimas horas para intentar sumar a Matías Galarza, mediocampista de Talleres de Córdoba, en una gestión marcada por la urgencia y los plazos administrativos. La dirigencia xeneize presentó una oferta formal de alrededor de cuatro millones de dólares por el 80 por ciento de los derechos económicos del jugador, en una operación diseñada específicamente para aprovechar el cupo extraordinario habilitado tras la grave lesión de Tomás Aranda. Con el límite fijado para este lunes 14 de septiembre, cada paso de la negociación quedó atado a una carrera contrarreloj y a la respuesta del club cordobés.

La propuesta enviada desde Boca contempla una inversión importante por un volante que se ha transformado en objetivo recurrente de Juan Román Riquelme y del entrenador Rodolfo Arruabarrena, quienes ya habían intentado sumarlo en mercados anteriores sin éxito por diferencias económicas. Talleres, que adquirió el 100% del pase de Galarza y lo blindó con una cláusula de rescisión que ronda los seis millones de dólares, respondió que está dispuesto a escuchar ofertas, aunque dejó claro que la cifra ofrecida por el club de La Ribera todavía no alcanza sus pretensiones. La brecha entre lo que Boca está dispuesto a pagar y lo que exige la dirigencia cordobesa se convirtió en el principal obstáculo de una negociación que debe resolverse en cuestión de horas.

El interés xeneize por Galarza se explica tanto por la necesidad de reforzar la mitad de la cancha como por el perfil del futbolista. De 24 años, formado en Argentinos Juniors y con un paso por el fútbol europeo antes de recalar en Talleres, el mediocampista viene sosteniendo un rendimiento sólido en la T, al punto de consolidarse como una pieza relevante en el equipo cordobés. Ese protagonismo llevó al propio entrenador de Talleres a expresar públicamente su deseo de retenerlo, aun reconociendo que el club no puede desoír por completo una oferta de la magnitud que presentó Boca. Mientras tanto, el jugador permanece a la expectativa, consciente de que su nombre vuelve a estar en el centro de la escena del mercado argentino.

La oportunidad que Boca intenta aprovechar surgió a partir de la fractura de peroné sufrida por Tomás Aranda, lesión que habilitó un cupo especial para incorporar un refuerzo fuera del período habitual de transferencias. Ese permiso tiene fecha de vencimiento y obliga a la dirigencia a definir en tiempo récord si estira la oferta por Galarza, si busca una fórmula intermedia —como variantes en la forma de pago o porcentajes del pase— o si finalmente desiste y orienta sus esfuerzos hacia otro nombre. En paralelo, desde el entorno del futbolista se recuerda que ya existió una promesa de venta para un próximo mercado, lo que añade presión sobre Talleres a la hora de evaluar si este es el momento indicado para negociar.

Las próximas horas aparecen decisivas para saber si Matías Galarza se convierte en refuerzo de Boca o si la operación queda, otra vez, en el terreno de las oportunidades frustradas. Con la propuesta de cuatro millones de dólares sobre la mesa y la exigencia cordobesa cercana a la cláusula de rescisión, la negociación se mueve en un delicado equilibrio entre la necesidad deportiva, la conveniencia económica y el peso de los plazos reglamentarios. En Casa Amarilla esperan una respuesta inmediata de Talleres, mientras Arruabarrena y Riquelme siguen de cerca cada movimiento, conscientes de que el margen de maniobra es mínimo y de que el resultado de esta gestión podría marcar el cierre del mercado xeneize en este tramo de la temporada.

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