Los analistas del mercado estiman que la economía argentina habría entrado en recesión durante el tercer trimestre del año, luego de registrar una nueva contracción de la actividad. Según sus proyecciones, el Producto Bruto Interno (PBI) habría caído entre 1% y 1,1% entre julio y septiembre.
La estimación se suma a la baja oficializada del 0,6% correspondiente al segundo trimestre. De confirmarse ambos retrocesos consecutivos, la economía cumpliría con el criterio técnico utilizado habitualmente para definir una recesión.
Las proyecciones surgen del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), elaborado mensualmente por el Banco Central. Para la última edición fueron consultados 44 especialistas, entre ellos representantes de 33 consultoras y centros de investigación nacionales e internacionales, además de 11 entidades financieras argentinas.
El resultado implica un fuerte cambio respecto de las expectativas de la encuesta anterior. Hasta el mes pasado, los economistas calculaban que la actividad crecería entre 1,1% y 1,3% durante el tercer trimestre, una previsión que permitía anticipar una expansión anual cercana al 2,1%.
Sin embargo, el deterioro observado en los últimos meses llevó a los analistas a revisar sus cálculos. Ahora estiman que la economía apenas crecerá entre 1,2% y 1,5% en el conjunto del año, una cifra considerablemente inferior a las previsiones formuladas al comienzo del período.
La revisión refleja la pérdida de dinamismo de distintos sectores de la actividad. Mientras algunas áreas vinculadas con las exportaciones, el agro, la minería y las finanzas muestran un mejor desempeño, la industria, la construcción y el comercio continúan enfrentando dificultades y permanecen por debajo de los niveles registrados en 2023.
En paralelo, los analistas prevén que la inflación seguirá relativamente estable, aunque sin una disminución marcada. La suba mensual de precios se mantendría por debajo del 2%, mientras que la variación anual terminaría cerca del 30%, apenas por debajo del registro del año anterior.
El escenario proyectado combina una inflación más moderada con una recuperación económica débil. Para los especialistas, la desaceleración de la actividad constituye una de las principales preocupaciones, especialmente porque el consumo y la inversión todavía no logran convertirse en motores firmes del crecimiento.