Racing encontró por fin un desahogo en el Cilindro de Avellaneda. Después de ocho fechas sin victorias y de haberse acostumbrado a convivir en el último lugar de la zona B del Clausura, la Academia se impuso 3-1 a Sarmiento de Junín y dio un paso clave para salir del fondo. Los goles de Gonzalo Escudero, Adrián «Maravilla» Martínez e Ignacio «Nacho» Rodríguez le devolvieron aire a un equipo que llegaba golpeado, bajo sospecha y con su entrenador, Juan Pablo Vojvoda, caminando en la cornisa.
El partido tuvo el tono de final para Racing, obligado a ofrecer una señal de vida tras una racha que había profundizado la crisis futbolística y anímica. Sarmiento, ordenado y con aspiraciones de trepar a la cima del grupo, planteó un encuentro cerrado y tenso, consciente del contexto que rodeaba a su rival. En ese escenario, el primer golpe lo dio Escudero con un bombazo que abrió el marcador y, sobre todo, destrabó la rigidez emocional de un equipo atado, que venía jugando bajo la carga de la urgencia y la reprobación.
La reacción de Sarmiento llegó con el empate parcial, pero Racing no se desmoronó como en otras noches: esta vez sostuvo la estructura y encontró recursos ofensivos para inclinar la balanza. Martínez, que llevaba dos meses de sequía y aparecía como uno de los símbolos de la anemia goleadora de la Academia, se reencontró con el gol en una definición que mezcló alivio y desahogo personal. En el tramo final, Ignacio Rodríguez selló la victoria con otro remate potente desde media distancia, una jugada que terminó de encender al estadio y de espantar, al menos por un rato, los fantasmas que rodeaban al plantel.
La consecuencia inmediata del triunfo fue numérica y emocional. Racing dejó de ocupar el último escalón de la tabla de la zona B y respiró en un torneo que lo tenía hundido, sin horizonte claro y con las estadísticas como prueba de una campaña muy pobre. Pero el impacto se midió también en el banco de suplentes: Vojvoda, cuestionado por resultados, funcionamiento y toma de decisiones, encontró un margen de calma en medio de una semana en la que se hablaba de reuniones decisivas, posibles reemplazos y ciclos agotados. El respaldo se percibió en la cancha, con jugadores que respondieron en un partido límite y con hinchas que eligieron apoyar cuando el clima podía haberse tornado hostil.
Tras el encuentro, el propio Vojvoda reconoció la carga que se quitó de encima. El entrenador habló de «alivio» y de haber sentido un fuerte respaldo del grupo, como si el 3-1 hubiera sido también un mensaje interno: seguir, confiar, sostener el proyecto en medio de la tormenta. La victoria, sin embargo, no borra la fragilidad del presente: Racing sabe que el margen de error sigue siendo mínimo y que el próximo desafío, nada menos que un cruce eliminatorio ante Boca por la Copa Argentina, se leerá como otra final. Allí se pondrá a prueba si esta noche de golazos fue apenas un paréntesis o el inicio de una recuperación más profunda para un equipo que intenta salir del pozo y para un técnico que aún pelea por consolidar su lugar.